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¡Cristo vive! Gozo y alegría en la esperanza de la Resurrección


Con profundo júbilo y esperanza, el Pueblo de Dios se congregó en la Catedral de Santiago Apóstol para celebrar la Vigilia Pascual, la noche santa en la que todo se hace nuevo y la luz de Cristo resucitado vence toda oscuridad. Esta celebración, conocida como la “vigilia de las vigilias” y la “celebración de las celebraciones”, nos introdujo en el corazón mismo del misterio de nuestra fe: la Resurrección del Señor.


Desde el inicio, con la bendición del fuego nuevo y el encendido del cirio pascual, la asamblea experimentó el paso de las tinieblas a la luz. En medio de la oscuridad, resonó el anuncio gozoso: “¡Cristo, luz del mundo!”, y poco a poco la iglesia se fue iluminando, signo visible de la vida nueva que brota del sepulcro vacío. Porque sí, la tumba está vacía, y ese vacío está lleno de esperanza, de promesa cumplida, de vida eterna.


La liturgia de la Palabra nos condujo por toda la historia de la salvación, recordándonos las maravillas que Dios ha realizado por su pueblo: desde la creación del mundo, pasando por la liberación de Egipto, hasta llegar al cumplimiento pleno en Jesucristo. Cada lectura fue como una chispa que encendía el corazón de los fieles, haciéndonos comprender que Dios nunca abandona a su pueblo, sino que siempre cumple sus promesas.


Uno de los momentos más conmovedores de la noche fue la celebración de los sacramentos de iniciación cristiana. Adultos y jóvenes recibieron el bautismo, naciendo a una vida nueva en Cristo; fueron confirmados con la fuerza del Espíritu Santo; y por primera vez participaron del banquete eucarístico al recibir la Sagrada Comunión. Fue un signo vivo de que la Iglesia sigue dando a luz nuevos hijos en la fe, renovándose constantemente en el amor de Dios.


La alegría era palpable en cada rostro, en cada canto, en cada gesto litúrgico. El pueblo se llenó de gozo, porque la Resurrección no es solo un acontecimiento del pasado, sino una realidad viva que transforma nuestras vidas hoy. Cristo ha vencido la muerte, el pecado y toda forma de desesperanza. Él vive, y con Él, nosotros también estamos llamados a vivir una vida nueva.


Así, en un ambiente de profunda fe y gran solemnidad, pero también de intensa alegría, se celebró la Vigilia Pascual en nuestra Catedral. Fue una noche que renovó la esperanza, fortaleció la fe y nos recordó que, aun en medio de las dificultades, la última palabra la tiene la vida.


¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado! Aleluya.


 
 
 

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