Bajo la lluvia, renace la esperanza: el clero de Fajardo-Humacao se prepara para una Cuaresma con corazón renovado
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Del 9 al 13 de febrero, el clero de la Diócesis de Fajardo-Humacao vivió un tiempo de gracia durante su retiro anual, celebrado en la Casa Cristo Redentor, en el pueblo de Aguas Buenas. Fueron días marcados por el silencio fecundo, la fraternidad sincera y la presencia palpable del Señor, que supo transformar el clima lluvioso y frío propio del lugar en un escenario de profunda calidez espiritual.
Las reflexiones estuvieron a cargo de S.E.R. Mons. Álvaro Corrada del Río, SJ, obispo emérito de la Diócesis de Mayagüez, quien acompañó al presbiterio con sabiduría pastoral, hondura espiritual y un testimonio sereno de fe probada. Sus meditaciones, ancladas en la Palabra de Dios y en la experiencia concreta del ministerio, ayudaron a los sacerdotes a mirar con realismo y esperanza los desafíos actuales, recordando que el Señor sigue llamando, sosteniendo y enviando.
Durante estos días también estuvimos acompañados por nuestro Obispo diocesano, Luis Francisco Miranda Rivera, O. Carm., cuya cercanía fraterna y participación activa en los momentos de oración y convivencia fortalecieron aún más la comunión presbiteral. Su presencia fue signo visible de unidad y de pastoreo cercano, alentando a cada sacerdote a vivir su ministerio con fidelidad y entrega renovada.
El ambiente del retiro favoreció una auténtica experiencia de comunión. La lluvia constante y el frío, lejos de ser un obstáculo, se convirtieron en signos elocuentes de recogimiento y purificación interior. En ese contexto, los tiempos de oración personal y comunitaria, la celebración diaria de la Eucaristía y los espacios de adoración permitieron a cada sacerdote retomar las riendas del corazón, volver a lo esencial y escuchar nuevamente la voz de Dios que invita a servir con alegría renovada.
Uno de los frutos más visibles fue la fraternidad sacerdotal. El compartir sencillo, las conversaciones profundas y la reflexión en común fortalecieron los lazos entre hermanos, recordando que el ministerio no se vive en soledad, sino en comunión. Este clima fraterno se convirtió en un verdadero bálsamo para el alma, sanando cansancios y reavivando el gozo del llamado recibido.
A las puertas de la Cuaresma, el retiro fue una escuela de esperanza. Permitió iniciar este tiempo litúrgico con fuerzas renovadas, con un corazón dispuesto a la conversión y con el firme deseo de acompañar al Pueblo de Dios con mayor cercanía y entrega. Sin duda, estos días fueron una abundante bendición para el clero y un signo luminoso para toda la Iglesia diocesana: cuando los pastores se dejan renovar por el Señor, toda la comunidad es alcanzada por su gracia.

