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Un Nuevo Impulso para Servir: Diáconos Permanentes Viven Profunda Experiencia de Renovación Espiritual



Culminó con alegría y profundo espíritu de comunión el retiro de los diáconos permanentes de la Diócesis de Fajardo-Humacao, un espacio de gracia que permitió renovar el llamado al servicio y fortalecer los lazos fraternos que sostienen su ministerio en medio del Pueblo de Dios. Durante estos días, la oración, la reflexión y el silencio fecundo fueron el marco propicio para profundizar en la identidad diaconal como signo vivo de Cristo Siervo.


Agradecemos de manera especial al recurso del retiro, Mons. Jesús Castro Marte, Obispo de la Diócesis de Nuestra Señora de la Altagracia en Higüey, en la República Dominicana. Su cercanía fraterna, su enseñanza clara y profunda, y su testimonio pastoral enriquecieron significativamente estos días de renovación espiritual. Con palabras llenas de sabiduría y esperanza, animó a los diáconos a vivir su vocación con autenticidad, configurando su vida al estilo de Cristo servidor, especialmente en medio de los desafíos pastorales de nuestro tiempo.


El retiro fue también una oportunidad para revisar el camino recorrido, agradecer los frutos del ministerio y asumir con renovado compromiso la misión encomendada por la Iglesia. En un ambiente de fraternidad sincera, los diáconos compartieron experiencias, inquietudes y esperanzas, reafirmando la importancia de la comunión eclesial y el trabajo pastoral en unidad.


La Santa Misa de clausura fue celebrada por nuestro Obispo, Mons. Luis Francisco Miranda Rivera, quien exhortó a los diáconos a continuar sirviendo con fidelidad, humildad y entrega generosa. En su homilía destacó que el ministerio diaconal es un testimonio concreto de amor y disponibilidad, especialmente hacia los más necesitados, y recordó que la Iglesia necesita ministros configurados con el corazón de Cristo.


Este retiro no marca un final, sino un nuevo impulso para seguir anunciando el Evangelio con alegría y coherencia de vida. Que el Señor fortalezca su vocación y los haga siempre signos vivos de Cristo Siervo en nuestras comunidades.


“Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir” (Mc 10,45).

 
 
 

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