Un llamado a la verdad interior: ejercicios espirituales del clero de Fajardo-Humacao
- Rvdo. P. Edwin Martes Maldonado

- hace 7 días
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Del 9 al 13 de febrero, el clero sacerdotal de la diócesis de Fajardo-Humacao se retiró del ritmo ordinario de la vida pastoral para entrar en un tiempo de silencio, oración y discernimiento, acompañados por su obispo, Mons. Luis Francisco Miranda Rivera. Fueron días marcados no por discursos grandilocuentes, sino por una palabra serena y directa, capaz de tocar las fibras más profundas del corazón sacerdotal.
Los ejercicios espirituales fueron predicados por Mons. Álvaro Corrada del Río, obispo emérito de Mayagüez, quien habló con sencillez, pero también con un realismo evangélico Abordó uno de los pecados más sutiles y menos nombrados que puede afectar al clero, incluso al episcopado: el cinismo.
Se describe el cinismo no como una pérdida abierta de la fe, sino como un desgaste interior que se instala silenciosamente. Es la tentación de ejercer el ministerio desde la costumbre, desde la distancia afectiva, e incluso desde una sensación de superioridad espiritual, donde se juzga sin misericordia y se sirve sin dejarse tocar. El sacerdote o el obispo continúa cumpliendo, pero corre el riesgo de hacerlo con el corazón endurecido, protegido por una falsa autosuficiencia.
Con claridad pastoral, el predicador subrayó que este cinismo suele disfrazarse de experiencia o realismo, cuando en el fondo es una renuncia interior para seguir convirtiéndose. Frente a esta tentación, Mons. Corrada del Río señaló un camino concreto y exigente: la paz interior. No una paz superficial o cómoda, sino la que nace de vivir en verdad delante de Dios, sin máscaras ni defensas.
Esa paz, insistió, brota de actitudes profundamente evangélicas: servir algo mayor que las propias fuerzas; obedecer incluso cuando parece que no conviene; confiar en que Dios sabe lo que nos pide, lo que nos da y también lo que nos quita. Solo desde esa confianza radical se desarma la dureza del corazón y se recupera la alegría del ministerio.
La presencia del obispo diocesano junto a sus sacerdotes dio a estos días un marcado sentido de comunión. No se trató únicamente de un ejercicio personal, sino de una experiencia eclesial en la que pastores y obispo caminaron juntos, escuchando la misma Palabra y dejándose interpelar por el mismo llamado a la conversión.
Al concluir los ejercicios, queda resonando una exhortación sencilla y contundente: rezar por el clero. Rezar para que los sacerdotes y obispos no busquen otra cosa que no sea la Cristificación de sus vidas, ser verdaderamente otro Cristo y como Cristo ser compasivo, humilde… ser eucaristía, cuerpo entregado, partido y repartido. Rechazando todo tipo prestigio, de comodidad y de autosuficiencia. Buscando ser santos, solo santos y nada más que santos. En una Iglesia llamada a la cercanía y a la autenticidad, estos días de retiro recordaron que la renovación pastoral comienza siempre en el corazón del pastor.











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