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MENSAJE DE ADVIENTO Y NAVIDAD PARA PUERTO RICO

MENSAJE DE ADVIENTO Y NAVIDAD PARA PUERTO RICO

DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL PUERTORRIQUEÑA



“Que el Dios de la esperanza los llene de toda alegría y paz en la fe, para que rebosen de esperanza por el poder del Espíritu Santo.” (Romanos 15,13)


La virtud de la esperanza consiste en saber que Dios tiene la última palabra sobre la historia, y que sus palabras “no pasarán”, aunque pasen el cielo y la tierra (cf. Mateo 24,35). El “hágase así”, pronunciado cada día de la creación, como narra el comienzo del libro del Génesis, se extiende a lo largo de la historia y culmina en la cruz, cuando Jesús, al entregar su vida y realizar la salvación del mundo, pronuncia solemnemente “todo está cumplido” (Juan 19,30). En medio de los sufrimientos, el designio de Dios atraviesa todas las circunstancias y nos ofrece una “esperanza que no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones…” (Romanos 5,5), y ese amor misericordioso “es eterno”, como lo canta el Salmo 136 en cada uno de sus versículos. Los Obispos de Puerto Rico queremos compartir con todo nuestro pueblo un mensaje de esperanza en medio de las circunstancias difíciles que nos afectan. Vivimos con frecuencia el azote de la violencia -ocurrida dolorosamente en el seno mismo del hogar y de vecindarios que en otro tiempo fueron muy tranquilos-, el empobrecimiento, las deficiencias en los servicios de salud y la educación, la depredación del ambiente, el abandono de nuestros viejos, la corrupción, el narcotráfico, la crisis de la salud mental, las secuelas de la pandemia y la epidemia del dengue. A nivel mundial nos ponen en vilo las noticias de conflictos que amenazan la paz, y sufrimos al contemplar la incertidumbre con respecto al futuro de nuestro planeta, así como las oleadas de migrantes, entre los cuales nos contamos también los puertorriqueños. El Papa Benedicto XVI dedicó una hermosa carta al tema de la esperanza, en cuyo título se resume su contenido: “en la esperanza fuimos salvados” (Romanos 8,24). Afirma que la esperanza, unida a la fe, nos da la certeza de que no vivimos abandonados a nuestra suerte, sino que la redención en Cristo nos salva y nos transmite una esperanza capaz de transformar nuestras vidas.





 
 
 

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